Mi Marruecos

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Abdelá es hijo de la ciudad, de la ciudad mestiza. Pero en esa ciudad, tocada por la modernidad, minada por la pobreza, atravesada por corrientes diversas, perviven numerosos misterios marroquíes: los brujos, el hammam, la baraka, la ziara.

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Descripción

Abdelá es hijo de la ciudad, de la ciudad mestiza. Pero en esa ciudad, tocada por la modernidad, minada por la pobreza, atravesada por corrientes diversas, perviven numerosos misterios marroquíes: los brujos, el hammam, la baraka, la ziara. Los cuerpos, las influencias secretas, el destino, la suerte, los adivinos y los santos. Abdelá observa, desde París, ese mundo que lo rodeaba de niño, con el mismo amor, y trata de reencontrarse con una tierra que sus sentimientos más profundos nunca abandonaron.

Información adicional

ISBN

9788494218507

Páginas

224

Editorial

Cabaret Voltaire

Autor

Seudónimo del escritor francés Henri Beyle. De familia burguesa, se estable­ció en París y trabajó en el ministerio de la Guerra. Participó en la campaña de Italia de 1800-01. Las campañas napoleónicas lo condujeron, en calidad de funcionario de la administración imperial, a Ale­mania, Austria y Rusia. En 1814, en excedencia, pu­do trasladarse a Milán. Fruto de su simpatía por Italia es Roma, Nápoles y Florencia (1817). De vuelta a su país, pu­blicó el ensayo Sobre el amor (1822), y dos opúscu­los titulados Racine y Sha­kespeare (1823-25), la notable Vida de Rossini (1823), los Paseos por Roma (1829), originados por un nuevo viaje a Italia. Mientras tanto había dado co­mienzo a su actividad como novelista con Armance (1827), que pasó inadvertida. En 1830 publicó su pri­mera gran obra, Rojo y negro, seguida de Memorias de un turista (1838), La abadesa de Castro (1839), La cartuja de Parma (1839). Una tercera gran novela, Lucien Leuwen, emprendida en 1834-35, quedó in­conclusa. Entre sus obras póstumas destacan: la novela Lamiel, y la Vida de Napoleón. Pero la parte más original de la obra póstuma de Stendhal está constitui­da por sus escritos íntimos: especialmente el Diario, redactado entre 1801 y 1823, y, sobre todo, por la Vida de Henri Brulard, autobiografía in­completa, compuesta entre 1835-36, y los estupendos Recuerdos de egotismo, compuestos en 1832. La obra de Stendhal, romántica por el culto de la energía y por la pasión que la desborda, anticipa al mismo tiempo el realismo y el psicologismo de fines del s. XIX.