Nietzsche, la Genealogía, la Historia.

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Este texto  marca precisamente el giro en el que Foucault abandona la primacía discursiva, la primacía de la arqueología, para elaborar ese método genealógico que constituye el primer paso hacia un análisis del poder.
El genealogista examina las relaciones entre el poder, el saber y el cuerpo en la sociedad moderna, y establece un diagnóstico. Podría decirse que este pequeño ensayo, no por ello menos importante, contiene el germen de su obra de los años 70.

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Descripción

Si hoy en día todo el mundo admite que la «cuestión del poder» es uno de los temas centrales de la filosofía de Michel Foucault, no siempre fue así del todo. Él mismo ha reconocido lo difícil que le resultó formularla, a pesar de que ya estuviera implícita en su obra desde la HISTORIA DE LA LOCURA EN LA ÉPOCA CLÁSICA, y cómo también esa dificultad estaba indudablemente ligada a la situación política. Pues bien, después de Mayo del 68, en la obra de Michel Foucault se produce un cambio.
Este texto que ahora presentamos marca precisamente ese giro en el que Foucault abandona la primacía discursiva, la primacía de la arqueología, para elaborar ese método genealógico que constituye el primer paso hacia un análisis del poder.
El genealogista examina las relaciones entre el poder, el saber y el cuerpo en la sociedad moderna, y establece un diagnóstico. Podría decirse que este pequeño ensayo, no por ello menos importante, contiene el germen de su obra de los años 70.

Información adicional

ISBN

9788485081974

Páginas

76

Editorial

Pre-textos

Encuadernación

Rústica.

Autor

Michel Foucault
(Poitiers, Francia, 1926-París, 1984) Filósofo francés. Estudió filosofía en la École Normale Supérieure de París y, ejerció la docencia en las universidades de Clermont-Ferrand y Vincennes, tras lo cual entró en el Collège de France (1970).
Influido por Nietzsche, Heidegger y Freud, en su ensayo titulado Las palabras y las cosas (1966) desarrolló una importante crítica al concepto de progreso de la cultura, al considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de un «paradigma» determinado, y que por tanto resulta incomparable con el discurso de las demás. Del mismo modo, no podría apelarse a un sujeto de conocimiento (el hombre) que fuese esencialmente el mismo para toda la historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje, afecta a esta misma «esencia» o convierte este concepto en inapropiado.
En una segunda etapa, Foucault dirigió su interés hacia la cuestión del poder, y en Vigilar y castigar (1975) realizó un análisis de la transición de la tortura al encarcelamiento como modelos punitivos, para concluir que el nuevo modelo obedece a un sistema social que ejerce una mayor presión sobre el individuo y su capacidad para expresar su propia diferencia.
De ahí que, en el último volumen de su Historia de la sexualidad, titulado La preocupación de sí mismo (1984), defendiese una ética individual que permitiera a cada persona desarrollar, en la medida de lo posible, sus propios códigos de conducta. Otros ensayos de Foucault son Locura y civilización (1960), La arqueología del saber (1969) y los dos primeros volúmenes de la Historia de la sexualidad: Introducción (1976) y El uso del placer (1984).

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