Diario de 1926

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Presentamos, por primera vez en castellano, uno de los relatos más inquietantes, delicados e inclasificables de Robert Walser, autor encomiado por Thomas Bernhard y Walter Benjamin, Kafka, Canetti, y Coetzee, gracias a títulos que le han convertido en clásicos indiscutibles del siglo XX como las novelas Los hermanos Tanner y Jacob von Gunten, además de otras prosas breves.

Descripción

Hoy he dado un agradable paseíto, breve, mínimo y sin alejarme demasiado, he entrado en una tienda de comestibles y he visto en su interior a una agradable muchachita, de estatura igualmente mínima y porte y actitud visiblemente modestos. En el curso del paseo he reflexionado brevemente acerca de las palabras con las que iba a iniciar el trabajo que empiezo a escribir en este preciso instante y cuya redacción me tendrá ocupado probablemente una veintena de días. Durante este espacio de tiempo, pues, seré bastante aplicado, aunque no dejaré de concederme de tarde en tarde alguna pausa, con lo que vengo a decir que el presente «diario» no va a fatigarme en exceso. Naturalmente, podría haber dicho «dietario» en lugar de «diario»».

Escrito originalmente a lápiz, cuando vivía en Berna, en el reverso de las hojas de un calendario de 1926, este falso diario –«de una extensión razonable»–, es una amena, exquisita y elegante digresión en torno a la vanidad y al vacío, ese vacío que acaso es todo lo que se pueda decir a propósito de la vida misma.

Con fina ironía y con una prosa, digamos, en forma de espiral, Walser pasa continuamente de un argumento a otro, mezcla situaciones, asiente al tiempo que niega y afirma a la vez que desmiente. Así y todo, en Diario de 1926 hay un hilo conductor que viene representado por la figura de una mujer, llamada Erna, a la que el narrador ha enviado una carta y un librito de poemas. Los numerosos personajes que entran y salen de esta historia parecen figuras casi privados de gravedad, seres fluctuantes que existen solo en la imaginación o en el papel e increíblemente similares a esos otros personajes que entran y salen de esa otra historia que es la vida real o irreal de cualquiera de nosotros.

«Encuentro, por ejemplo –nos dice–, que la escritura corre pareja a la vida; se entrevera con ella». Como si la vida, en efecto, no fuera otra cosa que un caos inmenso y la escritura, un forma de ordenarla en vano.

Walser pasó este borrador a limpio con la clara intención de publicarlo. Fue en balde. Un año después ingresó por su propio pie en sanatorio para sumirse definitivamente en el silencio. Un silencio que ha hecho correr ríos de tinta hasta hoy.

Información adicional

ISBN

9788495291264

Editorial

La uña rota

Páginas

80

Encuadernación

Rústica

Autor.

Robert Walser nació en Biel (Suiza) en 1878 y murió durante uno de sus incontables paseos no muy lejos del hospital psiquiátrico de Herisau, al este de Suiza, el día de Navidad de 1956. Es, sin duda, uno de los más importantes escritores en lengua alemana del siglo xx. Autodidacta, errante, finísimo estilista de la lengua alemana y provisto de una mirada capaz de destripar la realidad con la más suave ironía. Encomiado por Musil, Bernhard y Walter Benjamin, apreciado por Kafka, Canetti, Thomas Bernhard, Coetzee o Peter Handke, entre otros, el prestigio de Walser –«un prestigio moderado y sombrío, que es el único que podría convenirle», como señala Luigi Amara– se debe tanto a sus primeras y aparentes novelas, Los hermanos Tanner, y Jacob von Gunten o El ayudante como a sus prosas breves, entre las que destacan el primer libro, Los cuadernos de Fritz Kocher, que dio a la imprenta en 1904, y las famosas nouvelles El paseo, o Vida de poeta, La rosa, así como los microgramas Escrito a lápiz, publicados en España por Siruela.

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