El Clan de los parricidas

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En este volumen se recogen un buen número de cuentos macabros de Ambrose Bierce, verdaderas crónicas del lado tenebroso del universo, donde acecha lo abominable: el más despiadado y cruel humor negro, formas de vida inconcebibles, dimensiones psíquicas inconcebibles…

Descripción

Ambrose Bierce, el excéntrico escritor y periodista norteamericano, responsable del demoledor Diccionario del Diablo , nació en Ohio en 1842 y participó en la Guerra de Secesión como voluntario de las tropas federales. Herido en la batalla de Kennesaw Mountain, sobrevivió para escribir una serie de cuentos inmortales antes de desaparecer en 1913 en el territorio del México insurgente (tal vez para unirse a los rebeldes de Pancho Villa) rodeado de una nube de misterio similar al que se desprende de su siniestra imaginación.En este volumen se recogen un buen número de cuentos macabros de Ambrose Bierce, verdaderas crónicas del lado tenebroso del universo, donde acecha lo abominable: el más despiadado y cruel humor negro (El Clan de los Parricidas), formas de vida inconcebibles (El engendro maldito), dimensiones psíquicas inconcebibles (Un naufragio psicológico, El Reino de lo Irreal), dimensiones físicas inconcebibles (Desapariciones misteriosas), la pesadilla onírica (La muerte de Halpin Frayser), los espectros (La elocuencia de los fantasmas, Algunas casas encantadas…)

Información adicional

Encuadernación

Rústica

ISBN

9788477026099

Editorial

Valdemar

Páginas

204

Autor

Ambrose Gwinett Bierce (1842-1913?), escritor y periodista norteamericano, apodado «Bitter Bierce» debido a su sarcasmo y humor negro, tuvo una vida realmente azarosa: jugó, bebió, escribió y disputó duelos a revólver de los que salió victorioso. A los diecinueve años se alistó voluntario en un regimiento de las fuerzas unionistas cuando estalló la Guerra de Secesión entre el norte y el sur. Desertó varias veces, y varias veces se reenganchó, hasta que cayó herido en la batalla de Kennesaw Mountain. Al acabar la guerra, Bierce se dedica de lleno al periodismo, y durante treinta años publica sin interrupción sus ácidos artículos en los principales diarios y revistas de California, llegando a convertirse en una de las plumas periodísticas más temidas de su tiempo. A los setenta y un años, harto ya de la humanidad, viajó como reportero de guerra a México, por entonces en plena revolución de Pancho Villa. Nunca más se supo acerca de su suerte.

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